Archive | July 2015

Varanger 2015: Taiga (1ª parte)

Varanger es, sin duda alguna, uno de los destinos más deseados por los pajareros europeos. Como dice la propaganda que promociona este lugar, se trata del destino ártico más fácilmente accesible. Yo no soy una excepción a este deseo y tenía situado a este lugar en mi lista de viajes a realizar en un futuro, pero al haber visitado ya el Ártico en otras ocasiones no estaba en una posición prioritaria. Sin embargo, el viaje se ha hecho realidad este pasado junio gracias a la invitación recibida por Swarovski Optik para participar en un viaje de presentación y testaje de sus innovaciones que tuvo como escenario esta península en el norte de Noruega (en este enlace puedes leer el artículo que recientemente escribí sobre dichos productos).

En el aeropuerto de Oslo nos dimos cita la mayor parte de los participantes en el viaje; gente relevante de Suecia, Estados Unidos, Italia, Alemania, Holanda, Reino Unido, Australia, Finlandia, entre otros. Entre ellos hay gente tan renombrada como Jan Södersved (editor jefe de la revista Linnut), Arjan Van Egmond (secretario de Dutch Birding Association) o Lars Svensson (quien no necesita presentación).

Durante cinco días recorrimos diversos ambientes y hábitats de la zona (taiga, tundra, costa…) de la mano de Tormod Amundsen y Kate Utsi, de la empresa Biotope, que es el motor del nuevo desarrollo del turismo ornitológico en la zona. Además de las aves, los paisajes, las gentes y el buen ambiente reinante en el grupo, uno de los aspectos más destacables de este viaje fue el de conocer la interesante experiencia en desarrollo de turismo ornitológico que se está llevando a cabo en este extremo norte de Europa. Desde hace algo más de 5 años Tormod, que además de guía y ornitólogo es arquitecto y diseñador, ha involucrado a la administración local y a diversos agentes de la zona (alojamientos, hosteleros, artesanos, pastores…) en una experiencia que hace que ir a pajarear a Varanger no sólo sea observar magníficas aves en increíbles escenarios, sino mucho más.

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Desde el Birk&Husky B&B, en plena taiga, teníamos esta vista a medianoche. ¡La otra orilla es Rusia!

El primer día se fue en el viaje de ida y fue ya a la tarde cuando llegamos al pequeño aeropuerto de Kirkenes, situado casi en la frontera con Rusia. Sin perder mucho tiempo nos dirigimos al valle de Pasvik, en plena taiga. Por el camino vemos volar zorzales reales (Turdus pilaris) y chochas perdices (Scolopax rusticola), pero no tuvimos suerte con los carabos gavilanes (Surnia ulula) que decían podríamos encontrar posadas en algún poste. Esa “noche” (entrecomillo porque estamos en el Ártico y aquí en verano no anochece nunca) nos alojamos en el Birk Husky B&B, unas cabañas situadas con vistas a Rusia en la que nos ofrecen carne de reno para cenar en un pequeño edificio de madera estilo vikingo (con fuego abierto). En este alojamiento se dedican durante el invierno a las carreras y excursiones en trineo tirado por perros, pero en verano transforman su actividad a excursiones a pie para observar la fauna de la taiga: mamíferos como osos, glotones y alces y aves como las que vimos al día siguiente. En el exterior de las cabañas hay varios comederos para aves donde acuden lúganos (Carduelis spinus), pardillos norteños (Carduelis flammea flammea), pinzones reales (Fringilla montifringilla), carboneros sibilinos (Poecile montanus) y otros.

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Macho de pardillo norteño (Carduelis flammea).

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Lúgano (Carduelis spinus) y pardillo sizerín (Carduelis flammea), dos de los visitantes más habituales del comedero.

Birdwatchers

Todos atentos a los comederos.

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Este fue el único carbonero siberiano (Poecile cinctus) que vimos en todo el viaje, también en el comedero.

Pine_Grosbeak_1

Este es el precioso camachuelo picogrueso (Pinicola enucleator) macho que visitó el comedero mientras desayunábamos viendo pájaros en plena taiga.

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Cartel con algunas de las especies de aves presentes en el valle de Pasvik.

Al día siguiente realizamos un recorrido a pie por la taiga. Antes de llegar al lugar de paseo ya pudimos ver un búho campestre (Asio flammeus) vigilando desde su posadero y un par de lagópodos comunes (Lagopus lagopus). En el comedero situado en la cabaña al comienzo del sendero que recorrimos fuimos viendo como llegaban los paseriformes anteriormente mencionados y dos de los que más esperábamos: un carbonero siberiano (Poecile cinctus) y un precioso macho de camachuelo picogrueso (Pinicola enucleator). El paseo, por un paisaje irreal de coníferas y suelos pantanosos, estuvo acompañado por mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) y bisbitas pratenses (Anthus pratensis)… Un poco más adelante dimos con otro pájaro que deseábamos ver, el arrendajo funesto (Perisoreus infaustus) que estuvo un buen rato dejándose ver. Sin embargo el pelotazo del día fue una sorpresa inesperada: mientras caminaba junto a Lars Svensson escuchamos un canto diferente y él me dice “¿Sabes qué canto es ese?” Sonaba a un mosquitero común bastante extraño y completamente nuevo para mi. Al ver mi cara de “¿eing?” Lars dijo “¡Es un Phylloscopus collybita tristis! ¿Qué hace aquí ahora? Debería estar 800 kilómetros más al oeste”.

Siberian_Jay

Una mala foto de un arrendajo funesto (Perisoreus funestus), no se dejaron acercar mucho.

Taiga

Paisaje de la taiga de Pasvik.

Poo

En el valle de Pasvik viven numerosos osos pardos (Ursus arctos) y alces (Alces alces); aunque no vimos ninguno si encontramos los excrementos del segundo.

Svensson_tristis

Lars trata de atraer al mosquitero tristis mediante un reclamo sonoro para estudiarlo mejor.

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Foto mala y testimonial del mosquitero tristis que hallamos en la taiga de Pasvik.

Scopes

Por la tarde nos dirigimos al fiordo de Varanger con alguna parada para observar aves marinas y acuáticas en Nesseby, donde vimos ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus), chorlitejo grande (Charadrius hiaticula), falaropos picofinos (Phalaropus lobatus), págalos parásitos (Stercorarius parasiticus), charranes árticos (Sterna paradisaea), gaviones atlánticos (Larus marinus), gaviotas argénteas (Larus argentatus), gaviotas tridáctilas (Rissa tridactyla), eíderes comunes (Somateria mollissima) y varios delfines de hocico blanco (Lagenorhynchus albirostris), entre otros. Poco después vimos también algunos correlimos de Temminck (Calidris temminckii), ave común en la zona.

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Reserva de Nesseby

Eider

Eideres comunes (Sometería mollissima)

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Gaviota cana (Larus canus)

Oystercatcher

Ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus)

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La iglesia de Nesseby, a la entrada de la reserva.

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Uno de los abrigos para observar aves diseñados por Tormod Amundsen, de Biotope.

Llegamos a dormir en Vadsø, principal población de la zona, donde nos alojamos en el Vadsø Fjordhotell, también conocido como Birdwatchers Base Camp (el Campo Base de los Pajareros), donde nos sirvieron una deliciosa cena a cargo del chef Tol Emil Sivertsen.

Para acabar la jornada aún vimos bisbita gorgirrojo (Anthus cervinus) y eider real (Somateria spectabilis) cerca del hotel.

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Ensenada de Vadsø, uno de los mejores lugares para observar aves en la zona ¡justo frente al hotel!

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Un paso más allá de Swarovski Optik

En más de una ocasión he oído decir que las ópticas de Swarovski eran excelentes, pero que sin embargo los accesorios no estaban a la altura. En la práctica este hecho me había pasado algo desapercibido a pesar de ser usuario de la marca austriaca; te acostumbras a unos sistemas y no te detienes a pensar si son mejorables, pero mientras tanto sufres con correas que se enroscan, tapas que se caen o se pierden, ajustes de dioptrías que se modifican accidentalmente y muchas más circunstancias que incomodan y hacen que pierdas instantes preciosos en la observación, ya sea de ocio o de trabajo. ¿Cuántas veces no habré perdido a un ave de vista mientras trataba de colocar bien la correa que se había enganchado u otras circunstancias similares?

El pasado junio realicé un viaje a Varanger, invitado por Swarovski Optik, junto a otros pajareros, con el fin de conocer y probar el nuevo desarrollo que esta casa de óptica ha realizado y que presenta precisamente hoy. En este viaje (del que hablaré de forma mucho más extensa en una próxima entrada), además de disfrutar de las aves en este magnífico destino, pudimos conocer una experiencia de turismo ornitológico realmente ejemplar. Sin embargo, los asistentes estábamos intrigados por saber qué es lo que nos iban a anunciar hasta que las cuidadas explicaciones de Dale Forbes, jefe de marketing de la sección de naturaleza, ocio y viajes de Swarovski Optik, nos presentó el nuevo sistema FieldPro.

FieldPro no es una nueva óptica, sino que resulta ser una serie de mejoras en los accesorios en la serie de binoculares EL. Las mejoras que aporta FieldPro se han realizado a partir de comentarios y sugerencias realizadas por numerosos usuarios de estos binoculares, así que no constituyen un desarrollo realizado a la ligera, sino que tratan de solventar problemas y molestias reales.

Quizás la parte más novedosa y práctica sea la nueva correa, que está sujeta al binocular mediante un sistema de bayoneta y con con la clásica cinta plana atada a un asa. Este sistema de bayoneta puede realizar un giro completo que, unido a que la correa es cilíndrica (y no plana) evita el enroscamiento de la misma. Aunque esto parezca una tontería a mi me pareció muy práctico y probarlo durante más de tres días en plena taiga, tundra y mar, en observación estática o realizando paseos, con más o menos ropa encima y viviendo diversas circunstancias me convenció por su comodidad y por solucionar una serie de problemas que se presentan en más de una ocasión a lo largo de las jornadas de pajareo. Este sistema es además, fácilmente ajustable en longitud y desmontable, con lo que puedes poner y quitar la correa en pocos segundos, facilitando unas labores que antes llevaba varios minutos y que además no solían resultar fáciles.

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En esta imagen se puede apreciar la nueva correa montada en el binocular mediante la mencionada bayoneta, así como el sistema de ajuste de la longitud de la misma.

Otra de las novedades es el sistema de tapas. Con las tapas de que disponíamos hasta ahora, agarradas al binocular con una abrazadera, ocurría que en muchas ocasiones acababan cayéndose. Muchos terminábamos optando por retirarlas, con lo que las lentes quedan más expuestas a la suciedad y a roces o golpes. Las nuevas tapas van enganchadas a la estructura del binocular mediante un ingenioso sistema que evita que se caigan, pero es que además también pueden soltarse fácilmente, con lo que si en algún caso molestaran (como cuando hace viento fuerte), éstas se pueden guardar.

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Las tapas sujetas directamente al binocular evitan su caída y pérdida.

La tercera gran novedad es un nuevo sistema que evita que las dioptrías ajustadas a la vista de cada observador no se suelten accidentalmente con la facilidad con la que ocurre actualmente, pues pueden fijarse. Este sistema además no supone un esfuerzo extra cuando este ajuste deba modificarse; es bastante sencillo.

Existen otras pequeñas mejoras de menor entidad pero que completan el set: una nueva funda más práctica, un nuevo cubreocular más fácil de colocar y retirar, una goma protectora más agradable al tacto y hasta una correa flotante que evita que el binocular se hunda en el agua en el caso de que éste caiga de forma accidental.

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Dale arroja sin compasión unos EL al agua en el puerto de Vardø para probar la flotabilidad de la nueva correa.

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Aunque no se aprecie bien ahí están los EL sin hundirse gracias a la correa flotante, que es de color naranja fosfórico para facilitar su localización en el mar.

En conjunto me parece un buen avance y progresión en el desarrollo de estas ópticas, añade funcionalidad y soluciona varios pequeños problemas que nos afectaban en el día a día y creo que marcarán una tendencia.

Muchas gracias al equipo de Swarovski Optik por esta invitación, así como a todos mis compañeros de viaje y a los guías de Biotope (la empresa que nos guió en Varanger).

The making of… El Gran Año de Noah Strycker

Recientemente colgué en este mismo blog una entrada sobre mi experiencia con la visita de Noah Strycker a España durante la realización de su apasionante viaje para llevar a cabo un Gran Año (Big Year) a nivel mundial. No sois pocos los que me habéis preguntado diversas cuestiones sobre este proyecto y como se está llevando a cabo. En esta entrada trato de responder a estas cuestiones y aportar datos de interés para los curiosos.

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¿Por qué un proyecto así? ¿Es por batir un récord?

El proyecto consiste en observar el máximo número de especies a lo largo de un sólo año. Actualmente existe una pareja británica (Ruth Miller and Alan Davies) que ostenta el récord con 4.341 especies y de aquella experiencia publicaron un libro llamado The Biggest Twitch que se convirtió en un best-seller. Ellos utilizaron su hogar como campamento base (yendo y volviendo a su casa) para realizar viajes a un total de 20 países diferentes en los que encontraron este espectacular número de especies. Noah quiere ir un paso más allá pues su viaje es continuo, no va y viene a cada lugar, sino que es un periplo que no regresa en ningún momento al punto de partida. Comenzó el 1 de enero en la Antártida continuando por Sudamérica, Centroamerica, Norteamérica, Europa… ahora está en África, de allí viajará a Asia y Oceanía, así terminará en Nueva Zelanda el 31 de diciembre. Por supuesto tratará de batir el récord, él se ha puesto una meta de 5.000 especies. Pero detrás de esta parte, que parece más frívola, hay un proyecto vital y de investigación. Noah es, entre otras cosas, un periodista ornitológico reconocido en Estados Unidos (de donde es originario) y, además de publicar regularmente artículos en webs y revistas también ha escrito ya dos libros: Among Penguins y The Thing with Feathers. Este largo viaje le va a permitir obtener una visión global del concepto avifauna (algo que casi se nos escapa por lo amplio y diverso que es) y de su estado de conservación y problemática a través de múltiples experiencias locales. Además otro aspecto importante de su viaje es la parte social del mismo, viaje en el que está conociendo a decenas de pajareros de todo el mundo; en sus palabras, en uno de los aspectos más estimulantes y motivadores para seguir adelante y le está dando una interesante panorámica del estado del mundo birdwatcher en los diferentes lugares del mundo… en este sentido me confeso que se ha llevado grandes y agradables sorpresas.

¿Por qué 5000 especies?

Actualmente hay algo más de 10.000 especies de aves descritas en todo el mundo. Noah pensó que 5.000 era una cifra factible, superior al actual récord y además lo bastante impactante pues supone la mitad de las especies que conocemos.

¿Cómo organiza sus visitas a cada país?

Evidentemente Noah no conoce personalmente cada rincón en el que buscar cada especie, ni siquiera existe información detallada sobre ello. Como se suele decir “las aves tienen alas” y por ello cada año pueden variar su distribución espacial y temporal y lo que era válido para un año puede no serlo al siguiente. Quienes mejor conocen estos aspectos de las aves de cada lugar son los pajareros locales, y por ello Noah ha contactado con pajareros de cada país o región que quería visitar. Este ha sido también mi caso y para mi ha sido todo un honor el formar parte de esta experiencia.

¿De dónde saca el dinero para hacerlo?

Esta es probablemente la pregunta que más me ha hecho la gente, y probablemente la que más le han hecho a Noah también. Noah está apoyado por la sociedad conservacionista Audubon que le suministra el soporte online para la web y blog de su proyecto llamado Birding Without Borders (Pajareando sin fronteras). Una prestigiosa marca de óptica le ha proporcionado óptica y material fotográfico para todo el viaje. Pero su principal recurso proviene del contrato que ya tiene firmado con una editorial para escribir un libro sobre su viaje una vez finalizado.

No obstante esto no le supone disponer de recursos económicos infinitos y es por ello que trata de reducir los gastos al mínimo. La forma más efectiva ha sido la de comprar los billetes de avión con mucha antelación y, sobre todo, no contratar en ningún momento a ningún guía. La gente que le hemos “guiado” lo hemos hecho de una forma voluntaria y sin cobrar. Así, el viaje toma otra dimensión, pues se trata de vivir una experiencia basada en compartir y pasarlo bien entre colegas. En mi caso, que trabajo como guía profesional durante una buena parte del año, la experiencia resulta muy diferente de cuando guío a unos clientes; en este caso el ambiente reinante es mucho más relajado.

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Otra forma de reducir gastos ha sido la de alojarnos en mi propia casa, en casa de familiares o de amigos. En alguna ocasión tuvimos que recurrir a algún hotel, como es el caso del hotel rural Ruralsuite, que al enterarse del carácter del proyecto nos hicieron una buena rebaja con ánimo de colaborar.

Los gastos que tuvimos (combustible, comida, alojamiento) los compartimos entre los dos.

¿Cómo has elegido el itinerario?

Noah vino con muchas de las especies europeas ya en su lista, pues pasó antes por Islandia, Noruega y Turquía. Así que el itinerario debía centrarse en aquellas especies que no había visto aún, unas cuantas decenas, y que en buena parte eran ‘especialidades’ de esta parte de Europa Suroccidental. El hecho de llegar a Barcelona y marcharse desde Bilbao seis días después favorecía un recorrido itinerante que debía comenzar por la costa mediterránea. La idea inicial era quedarnos en la mitad oriental de la Península Ibérica donde además del mediterráneo podíamos cubrir bien los Pirineos y las estepas del Valle del Ebro. Estando en Alicante, donde ya podíamos hallar un buen número de especies sureñas existía la posibilidad de visitar zonas del Centro peninsular para encontrar algunas especies emblemáticas como el rabilargo, el buitre negro o el águila imperial ibérica, entre otros. Madrid, Toledo, Ciudad Real e incluso zonas más cercanas aún como Albacete podrían ofrecernos una buena parte de estas aves, pero Noah me expresó su firme deseo de visitar Extremadura en este viaje, pues mucha gente le había hablado entusiastamente de dicho lugar como uno de las mejores zonas de pajareo de Europa. No le importaron los kilómetros extra que hubo que hacer y una vez en el lugar me agradeció mi disponibilidad para cambiar los planes originales que yo había trazado.

El resto se fue ajustando más o menos a lo que tenía pensado y fueron el tiempo reinante y la lista que íbamos completando los que determinaron pequeños desvíos y bucles en nuestro itinerario o el dónde y cuando parar; siempre basándome en lugares que ya tenía pensados de antemano, pero sin un orden o tiempos muy precisos, abierto a según cómo evolucionaba el hallazgo de las diferentes especies.

El resultado fue inmejorable…

¿Visteis todas las especies que quería ver Noah?

Se vieron todas las especies con posibilidades reales salvo dos: la focha moruna, que es más sureña, podíamos haberla encontrado junto al centro de visitantes de El Hondo (Alicante), pero son aves procedentes de sueltas para la campaña de reintroducción que están realizando en la zona, es decir, aves no susceptibles de ser contadas en este viaje, y el avetoro común, que lo intentamos en la Laguna de Pitillas (Navarra) pero no colaboró. Hay que decir que la época en que nos visitó Noah resulta algo tardía para encontrar esta especie, pues se muestra más retraída que durante el celo en primavera. Por lo demás encontramos algunas bastante complicadas para la época del año en la que estábamos (pico dorsiblanco, abejero europeo, sisón común) y alguna más que no esperábamos, como la serreta chica, una rareza en nuestro país.

¿Cómo se garantiza que Noah ha visto las especies que dice haber visto?

No puede hacerse, y de hecho no es un récord que, como los récord Guinness, necesitan de estar acreditados por un notario para validarse (sería inviable en este caso). No obstante Noah está acompañado siempre por alguno de los pajareros locales y actuar de forma deshonesta podría trascender rápidamente. Como bien dice el dicho “en el pajareo, una vez que pierdes tu prestigio lo pierdes para siempre”. Quienes alguna vez hemos participado en este tipo de eventos (grandes años, maratones ornitológicos) la forma de hacerlo es por mera satisfacción personal. Si logras ‘ganar’ contabilizando especies que realmente no encontraste o realizando algún otro tipo de trampa o manipulación no es como para sentirse muy bien… la satisfacción plena llega cuando lo lograste con todas las de la ley.

Aún así, Noah está introduciendo todos los datos de las aves detectadas en la plataforma eBird, así que son totalmente públicos y pueden consultarse libremente.

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¿Logrará batir el récord?

Estoy seguro de que lo hará y superará con creces. Mientras escribo estas líneas recién ha pasado la mitad del año y lleva unas 3.300 especies registradas, mucho más de la mitad de las 5.000 especies que se había propuesto a fin de año. Si nada lo impide Noah puede llegar hasta las 6.000 especies con cierta facilidad.

¿Cuántos ‘bimbos’ ha visto ya?

Según me conto Noah antes de iniciar este Big Year su lista mundial ascendía a unas 2.400 especies y a estas alturas lleva ya 4.015, así que sacad cuentas.

¿Y después qué?

Como ya he mencionado más arriba una vez terminado este viaje dedicará un año entero a escribir el libro de su Gran Año. Tengo constancia de que ya está siendo reclamado por diversas organizaciones y entidades para que impartir charlas contando su experiencia, así que estoy seguro que también le tocará viajar por este motivo ¿Lograremos verlo en alguna de nuestras ferias ornitológicas? Lo que si me confesó Noah es que le gustaría volver a muchos de los lugares que está visitando para poder pajarear en ellos con más calma.

Muchos recordaréis la película The Big Year que se popularizó entre pajareros de todo el mundo hace unos años. Con Noah bromee comentando que después del libro vendría la película sobre su viaje… él me respondió que en esa película sería Brad Pitt quien le interpretara… en mi opinión demasiado viejo, ¡Noah tiene 29 años!

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Esta experiencia no habría sido posible sin la ayuda de muchas otras personas que nos ayudaron de muy diversas formas. También agradecer a otras que se ofrecieron a ayudar aunque después no necesitaríamos de su ayuda. Todas estas personas están mencionadas en la entrada anteriormente mencionada con la crónica del viaje.

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Un Picus viridis viridis en Gorbea

La semana pasada visité el Parketxea (Centro de Visitantes) situado al inicio del sendero del río Baias del Parque Natural del Gorbea, en Araba. En dicho edificio disponen de una amplia exposición en la que se habla del medio, la historia y usos tradicionales del lugar, pero especial atención me llamó la sección dedicada a las aves.

Me fijé especialmente en unas figuras de pájaros carpinteros que estaban colocadas junto al mostrador de atención al público. Mi atención se vio atrapada, sobre todo, por una figura que representaba a un Pito real (Picus viridis), bastante logrado, pero que era de la subespecie viridis, es decir, la subespecie que habita la mayor parte de Europa excepto la Península Ibérica. Presumiendo que lo que querían representar en dicha exposición eran las aves locales lo lógico es que hubieran incluido una figura del Pito real ibérico (Picus viridis sharpei), que es la que podemos encontrar en este lugar. El mismo error se repetía en un panel informativo, el ave representada era un Picus viridis viridis cuando debería ser un P. viridis sharpei.

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Figura de un Picus viridis viridis junto a un Dryocopus martius.

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La figura en cuestión del Picus viridis viridis.

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El cartel sobre pícidos mostrando ilustraciones de Picus viridis viridis.

A pesar de tener un gran parecido existen una serie de diferencias evidentes entre ambas subespecies: Picus viridis viridis muestra una máscara facial negra alrededor de ojos y junto a la base del pico, mientras que en Picus viridis sharpei dicha máscara es verde clara o grisácea. Además las vocalizaciones que hacen una y otra subespecie son totalmente diferentes. Las diferencias son tan evidentes que se está estudiando su separación como dos especies distintas (P. viridis y P. sharpei). De hecho algún experto ya las trata así, como Gerard Gorman en su libro “Woodpeckers of the World” (2014, Ed. Firefly o Bloomsbury Publishing).

Para algunos quizás parezca una nimiedad el no ilustrar la subespecie correcta, pero parece que la cosa cambia si ya estamos hablando de especies. En cualquier caso el ave representada no es la que la gente puede ver en dicho lugar, con lo que es un error que debería ser subsanado.

Este tipo de hechos (que ocurren con más frecuencia de lo pensado; ver mi entrada sobre el Centro de Arcaz en Riglos) muestra la gran necesidad que existe de contar con unos buenos profesionales de la educación e interpretación ambiental, así como de contar con los pertinentes expertos en casos como este. Cierto es que en la mayor parte de las ocasiones los presupuestos no permiten disponer de todos los medios deseados (necesarios), pero también es cierto que otras muchas veces se invierten dichos medios económicos en elementos superfluos o sobredimensionados. Hay que buscar una forma racional de administrar el dinero, que normalmente no suele ser abundante para este sector, y garantizar, que por lo menos, la información que se ofrezca sea correcta.