Un Picus viridis viridis en Gorbea

La semana pasada visité el Parketxea (Centro de Visitantes) situado al inicio del sendero del río Baias del Parque Natural del Gorbea, en Araba. En dicho edificio disponen de una amplia exposición en la que se habla del medio, la historia y usos tradicionales del lugar, pero especial atención me llamó la sección dedicada a las aves.

Me fijé especialmente en unas figuras de pájaros carpinteros que estaban colocadas junto al mostrador de atención al público. Mi atención se vio atrapada, sobre todo, por una figura que representaba a un Pito real (Picus viridis), bastante logrado, pero que era de la subespecie viridis, es decir, la subespecie que habita la mayor parte de Europa excepto la Península Ibérica. Presumiendo que lo que querían representar en dicha exposición eran las aves locales lo lógico es que hubieran incluido una figura del Pito real ibérico (Picus viridis sharpei), que es la que podemos encontrar en este lugar. El mismo error se repetía en un panel informativo, el ave representada era un Picus viridis viridis cuando debería ser un P. viridis sharpei.

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Figura de un Picus viridis viridis junto a un Dryocopus martius.

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La figura en cuestión del Picus viridis viridis.

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El cartel sobre pícidos mostrando ilustraciones de Picus viridis viridis.

A pesar de tener un gran parecido existen una serie de diferencias evidentes entre ambas subespecies: Picus viridis viridis muestra una máscara facial negra alrededor de ojos y junto a la base del pico, mientras que en Picus viridis sharpei dicha máscara es verde clara o grisácea. Además las vocalizaciones que hacen una y otra subespecie son totalmente diferentes. Las diferencias son tan evidentes que se está estudiando su separación como dos especies distintas (P. viridis y P. sharpei). De hecho algún experto ya las trata así, como Gerard Gorman en su libro “Woodpeckers of the World” (2014, Ed. Firefly o Bloomsbury Publishing).

Para algunos quizás parezca una nimiedad el no ilustrar la subespecie correcta, pero parece que la cosa cambia si ya estamos hablando de especies. En cualquier caso el ave representada no es la que la gente puede ver en dicho lugar, con lo que es un error que debería ser subsanado.

Este tipo de hechos (que ocurren con más frecuencia de lo pensado; ver mi entrada sobre el Centro de Arcaz en Riglos) muestra la gran necesidad que existe de contar con unos buenos profesionales de la educación e interpretación ambiental, así como de contar con los pertinentes expertos en casos como este. Cierto es que en la mayor parte de las ocasiones los presupuestos no permiten disponer de todos los medios deseados (necesarios), pero también es cierto que otras muchas veces se invierten dichos medios económicos en elementos superfluos o sobredimensionados. Hay que buscar una forma racional de administrar el dinero, que normalmente no suele ser abundante para este sector, y garantizar, que por lo menos, la información que se ofrezca sea correcta.

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