Archive | August 2015

Varanger 2015: Tundra (3ª parte)

Último capítulo de mi viaje a Varanger, en el Ártico Noruego, por cortesía de Swarovski Optik y guiados por el personal de la empresa local Biotope.

tundra

El cuarto día del viaje es el dedicado a la alta tundra. De camino a Berlevåg nos detuvimos en la zona de Gjedne, lugar en el que la familia de nuestra guía Kate, los Utsi, pastorean con renos. En esta época del año los renos están dispersos por la tundra disfrutando del abundante alimento que aquí encuentran y resulta difícil verlos de cerca; las hembras con sus crías son muy recelosas y huyen rápidamente en cuanto detectan presencia humana.

Reindeer

Machos de reno (Rangifer tarandus), suelen ser más confiados que las hembras.

Toda esta zona está conformada por un terreno ondulante muy vasto que está cubierto por líquenes y plantas rastreras que incluyen algunos ‘árboles’ como los sauces, ¡pero que apenas levantan unos pocos centímetros del suelo! La vista es amplia y el día gris, se avecina cambio de tiempo al final de nuestra estancia; nos dicen que hemos sido muy afortunados ya que no ha llovido en ningún momento hasta ahora (cuando aquí lo normal es otra situación).

Lichens

Maravillosa composición abstracta formada por los líquenes que se desarrollan sobre la roca caliza.

tree_tundra

En la tundra cuando hablamos de ‘árboles’ nos referimos a estas plantas que apenas levantan del suelo. Son sauces y otros arbustos rastreros que tapizan las zonas menos rocosas.

Willow

Sauces arbustivos en flor cerca de los arroyos y aguas estancadas.

Una vez más, de camino, nos quedamos sin ver cárabos gavilán (Surnia ulula) por el camino a pesar de vigilar bien postes y árboles. Llegados a las zonas elevadas nos dispusimos a caminar por la tundra donde aún había algo de nieve. Enseguida comenzamos a ver algunas aves interesantes: lagópodo alpino (Lagopus muta), págalo parásito (Stercorarius parasiticus), págalo rabero (Stercorarius longicaudus), correlimos común (Calidris alpina), chorlito dorado (Pluvialis apricaria), zarapito trinador (Numenius phaeopus), bisbita gorgirrojo (Anthus cervinus), escribano lapón (Calcarius laponicus) y escribano nival (Plectrophenax nivalis). Sin embargo estuvimos buscando con intensidad un par de especies que, aunque costaron un poco, finalmente se dejaron ver: la alondra cornuda (Eremophila alpestris) y el chorlito carambolo (Charadrius morinellus); ambas especies se reproducen en la zona. Cerca de los arroyuelos, donde crecen algunos sauces de porte arbustivo, aparecen algunos pardillos árticos (Carduelis hornemanni) y ruiseñores pechiazules (Luscinia svecica), y en los pequeños lagos se ven colimbos árticos (Gavia arctica) y patos havelda (Clangula hyemalis).

Dunlin

Correlimos común (calidris alpina)

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Macho de lagópodo alpino (Lagopus muta) atento a nuestra presencia.

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Págalo parásito (Stercorarius parasiticus) de fase oscura.

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Escribano lapón (Calcarius laponicus) macho.

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Pardillo ártico (Carduelis hornemanni)

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Macho de escribano nival (Plectrophenax nivalis) perfectamente integrado en el entorno rocoso.

Resulta apasionante visitar las tierras de nacimiento de tantas especies de aves que nosotros sólo vemos de forma escasa en invierno, después de un largo viaje migratorio… de hecho, muchas de estas especies ni llegan a la Península Ibérica. Reflexionar sobre este hecho en este lugar me llevó a recordar esos libros que leía de niño y en los que se hablaba de la tundra incluyendo un par de fotografías que hacían galopar mi imaginación. Por entonces visitar la tundra me parecía algo imposible de realizar…

La sensación de caminar por un paisaje tan vasto y (más o menos) salvaje es realmente vitalizante e irreal. Para alguien como yo que siempre ha visto estos ambientes en libros y documentales poder recorrer un lugar como este resulta muy extraña, como formar parte de un sueño que durante décadas había tomado forma en mi mente. Serían necesarios muchos más días para tomar una mejor conciencia del lugar en el que me encontraba. Habrá que volver…

Por la tarde nos dirigimos a la costa norte. En la pequeña localidad de Kongsford la encantadora Åse Winsents, una mujer de origen local, nos recibe en su pequeño establecimiento donde ofrece habitaciones y comidas. Aquí probamos otra de las especialidades gastronómicas de la zona: el cangrejo real.

Anse_Tormod

Åse y Tormod (nuestro guía) nos explican la historia de la pequeña villa de Kongsford y cómo el turismo ornitológico está revitalizando la zona.

Finalmente llegamos a última hora a Berlevåg, donde embarcamos en un ferry nocturno que nos llevaría de vuelta a Kirkenes para tomar al día siguiente el avión de vuelta.

Tormod Amundsen group picture Fjordhotell copia 2

Foto de familia del grupo de participantes y guías en el viaje de Swarovski Optik al Ártico Noruego en Junio de 2015 (foto: Tormod Amundsen).

Clica aquí para ver los otros capítulos de este viaje: Varanger: Taiga (1º parte) y Varanger: Costa ártica (2ª parte).

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Varanger 2015: Costa ártica (2ª parte)

Continuando con el viaje cortesía de Swarovski Optik a Varanger, en el ártico noruego, y que fue guiado por la empresa local de turismo ornitológico Biotope.

El tercer día podría decirse que fue el plato fuerte, pero para no añadir confusión aclararé que aunque buena parte del día se dedicó a visitar la costa también hubo un aperitivo con otro hábitat característico por la mañana. Muy temprano nos dirigimos a la baja tundra en el valle de Komagvær donde desayunamos frente a un lek de combatientes (Philomachus pugnax) con sus llamativos plumajes nupciales y frenética actividad. En la zona además encontramos págalos raberos (Stercorarius longicaudus), págalos parásitos (Stercorarius parasiticus), chorlitos dorados (Pluvialis apricaria), falaropos picofinos (Phalaropus lobatus), ruiseñores pechiazules (Luscinia svecica), agachadizas comunes (Gallinago gallinago) con sus vibrantes vuelos nupciales y un ave que ha sido mi némesis durante largos años: la agachadiza chica (Lymnocriptes minimus), que por fin logré ver. Por la zona además otro pajarillo interesante: el pardillo ártico (Carduelis hornemannii) que va de sauce en sauce alimentándose.

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Págalo rabero (Stercorarius longicaudus) adulto.

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Pardillo ártico (Carduelis hornemanni) alimentándose de los brotes de unos sauces.

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Bisbita gorgirrojo (Anthus rubescens)

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Una preciosa hembra de falaropo picofino (Phalaropus lobatus) alimentándose en uno de las pequeñas lagunas.

Swan

Cisne cantor (Cygnus cygnus) en vuelo.

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Nido con huevos de gaviota cana (Larus canus).

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Un págalo parásito (Stercorarius parasiticus) vigila su territorio.

A final de la mañana nos marchamos parando algo antes de Vardö para ver los diversos pigargos europeos (Haliaeetus albicilla) que vuelan por la costa y para observar un gran número de láridos posados en una playa: gaviones atlánticos (Larus marinus), gaviones hiperbóreos (Larus hyperboreus), gaviotas argénteas (Larus argentatus), gaviotas tridáctilas (Rissa tridactyla)… cuando de repente una sombra aparece veloz por la derecha de nuestro campo de visión lanzándose contra la masa de gaviotas y levantándola de golpe: ¡es un halcón gerifalte (Falco rusticolus)! En ese momento quedamos boquiabiertos y vemos cómo una desafortunada gaviota tridáctila pende de sus garras durante unos instantes pero… después de aletear enérgicamente logra zafarse y reemprender la huida con el resto de compañeras. El halcón por su parte desapareció volando por el oeste para no volver a verlo de nuevo.

Esa tarde embarcamos en un pesquero tradicional con rumbo a la mítica Hornøya, un islote rocoso cerca de la costa que resulta ser una de las mayores colonias de aves marinas de Europa: unos 100.000 aves pueblan el lugar. El acercamiento al lugar ya es abrumador, pues poco a poco te vas viendo rodeado de gaviotas tridáctilas (Rissa tridactyla), alcas (Alca torda), frailecillos atlánticos (Fratercula arctica), araos de Brünnich (Uria lomvia) y araos comunes (Uria aalge), estos últimos formando grandes balsas que flotan plácidamente. Un enorme paredón rocoso plagado de ruidosas aves en bulliciosa actividad reproductora es la impresionante visión que recibe al visitante.

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Impresionante paredón de la isla de Hornøya repleto de álcidos y otras aves marinas.

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Al pie del acantilado.

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Un acantilado muy concurrido.

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Arao común (Uria lomvia) y Arao de Brünnich (Uria lomvia), los cuales crían ala con ala en el mismo acantilado.

Un estrecho sendero recorre el pie del acantilado y poco a poco se va elevando hasta llegar al otro lado del islote. Al recorrerlo puedes admirar de cerca las ya mencionadas especies, que instalan sus nidos (o simplemente depositan sus huevos, sin siquiera construir nido alguno) en las estrechas repisas. Al poco uno se encuentra ya caminando entre las aves que incuban o protegen a sus pollos sin que muestren temor alguno por los turistas. Además de los álcidos y las gaviotas tridáctilas, en la isla crían también cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis), fulmares boreales (Fulmarus glacialis), gaviotas argénteas (Larus argentatus) y gaviones atlánticos (Larus marinus).

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Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) en el nido con un pollo de pocos días.

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Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis)

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Frailecillo atlántico (Fratercula arctica) y araos comunes (Uria aalge).

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Frailecillos atlánticos (Fratercula arctica)

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El artista Federico Gemma, uno de los invitados a este viaje, realizando bocetos de las aves en sus nidos.

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Gaviota argéntea (Larus argentatus) adulta cerca de su nido.

Estuvimos bastante tiempo (y más que podríamos haber estado) deleitándonos en este lugar, pero a media tarde volvimos al pesquero para realizar una sesión de pesca. Nos alejamos un poco de la costa para ir a recoger las líneas de anzuelos que por la mañana había depositado nuestro patrón acompañados por numerosos fulmares (blancos y azules) que enseguida se unieron a la fiesta cuando los marineros se pusieron a limpiar las piezas cobradas. Finalmente nos llevamos un par de bacalaos que constituirían nuestra cena asada de manera muy sencilla por nuestro chef.

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Varios fulmares boreales (Fulmarus glacialis).

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Fulmar boreal (Fulmarus glacialis) ‘azul’ siguiendo a nuestro barco pesquero.

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Magnífico ejemplar de bacalao pescado al anzuelo en aguas de Varanger.

Clica aquí para leer “Varanger: Taiga 1ª parte“.